Fantasmas navideños de Islandia
Espíritus navideños del norte
Celebrar las fiestas con 13 Santas, su madre trol y su gato demoníaco
Más de 160 países y más de 2,000 millones de personas celebran la Navidad cada año. Algunos la celebran por motivos religiosos y otros por motivos culturales. Podemos decir sin temor a equivocarnos que Estados Unidos celebra la temporada navideña como nadie.
Nos atiborramos de la iconografía de los árboles de Navidad, los regalos y Santa Claus. Incluso solemos estrenar más películas navideñas que días tiene diciembre.
Pero puede que no sea así como todos los demás celebran las fiestas.
Cada país tiene su propia forma de vivir la Navidad. Algunas tradiciones y costumbres pueden ser relativamente nuevas, mientras que otras existen desde hace siglos. Algunas incluso pueden haber evolucionado y cambiado. Quizás una de las tradiciones navideñas más interesantes y desconocidas sea la de Islandia.
A primera vista, la Navidad de Islandia no se ve distinta de la nuestra: árboles decorados y luces de colores colgadas sobre las casas. Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos, sus costumbres tienen sus raíces en cuentos populares y leyendas centenarias basadas en creencias paganas sobre fantasmas y duendes.
Y todas giran en torno a 13 Santas distintos.
Los Yule Lads
Los Yule Lads
Estados Unidos tiene a Santa. El Reino Unido tiene a Father Christmas. Algunos países latinos tienen a Papá Noel. Pero Islandia no tiene un solo portador de regalos: tiene 13. Y se llaman los Yule Lads (los Muchachos de Yule).
Los Yule Lads suelen representarse como hombres trol o espíritus de la naturaleza que bajan de las montañas uno por uno desde el 12 de diciembre hasta el día de Navidad. Los niños dejan zapatos en el alféizar de sus ventanas cada noche. Los niños buenos reciben pequeños regalos y dulces en sus zapatos. Los niños malos reciben papas.
Cada Lad tiene un nombre particular que representa el truco o la travesura que hace cuando llega al pueblo. Sus travesuras son inofensivas, aunque algunos podrían despertarlo a uno en plena noche o incluso robarle algo de comida.
Está Sheep-Cote Clod (el Patán del Redil), al que le gusta acosar a las ovejas. A Gully Gawk (el Mirón del Barranco) le gusta esconderse en los barrancos hasta que no hay moros en la costa para robar leche del establo. Stubby (el Rechoncho) es algo bajito y le gusta comerse los restos de corteza y migajas de las sartenes. Spoon Licker (el Lame-cucharas) es más delgado que sus hermanos y, lo adivinó, le gusta robar cucharas y lamerlas.
Pot Scraper (el Raspa-ollas) y Bowl Licker (el Lame-cuencos) se parecen mucho a sus hermanos: les gusta robar ollas y dejar limpias las sobras a lametazos, y robar la comida de los cuencos que se dejan debajo de las camas. A Door Slammer (el Portazos) le gusta dar portazos y despertar a la gente. A Skyr Gobbler (el Glotón de Skyr) le gusta el skyr, el yogur islandés, y es conocido por servirse a su antojo. Sausage Swiper (el Roba-salchichas) se esconde en las vigas y roba las salchichas que se están ahumando.
A Window Peeper (el Fisgón de Ventanas) le gusta mirar por las ventanas y roba cualquier cosa que vea. Door Sniffler (el Olfateador de Puertas) tiene una nariz impresionantemente grande y la usa para encontrar pan. Meat Hook (el Gancho de Carne) tiene un gancho y lo usa para robar carne. Y luego está Candle Beggar (el Pedigüeño de Velas), que sigue a los niños hasta su casa y les quita las velas.
Hoy en día, los Yule Lads se conocen como benévolos hombres trol que no se ven muy distintos de Santa Claus. Tienen grandes barbas blancas y visten ropa campesina islandesa antigua. Hubo una época en que se les representaba de rojo, para parecerse más al alegre portador de regalos que muchos conocen y quieren. Más interesante aún es el hecho de que antes había, de forma canónica, 82 Yule Lads.
Sin embargo, estos muchachos festivos no siempre fueron tan joviales. Hubo un tiempo en que eran bastante malos, casi francamente malvados. Y no tenían el aspecto de ancianos bondadosos. Casi parecían monstruos, criaturas inmundas y demacradas de las montañas más interesadas en comerse a los niños que en darles regalos. Eran una herramienta para disciplinar a los niños. De hecho, las historias que se contaban eran tan aterradoras que en 1746 se prohibió contarlas.
Sinceramente, los Lads no son realmente los culpables. Esa culpa recae en su madre.
Madre, ¿puedo?
Madre, ¿puedo?
Todos los Yule Lads son hermanos e hijos de una gigantesca trol llamada Grýla.
Las historias y los poemas sobre Grýla se cuentan desde el siglo XIII, lo que la convierte en una de las leyendas más antiguas de Islandia. No fue sino hasta el siglo XVI cuando empezó a convertirse en un ícono navideño, para bien y para mal.
Mientras que los Lads se han vuelto dóciles con el paso de los siglos, Grýla sigue siendo tan aterradora y horrible como siempre. Se la representa con pezuñas y trece colas, a veces con cuernos y barba. En época de Navidad, baja de su hogar en la montaña y roba a los niños malos con un gran saco. Luego se los lleva a casa, donde los hierve vivos y se los come en un guiso.
Grýla también tiene un esposo trol llamado Leppalúði. Es una criatura perezosa que suele quedarse en casa sin hacer nada. Grýla es conocida por maltratarlo y reprenderlo, una desafortunada amabilidad si se considera lo que les hizo a sus otros dos esposos.
A uno lo mató. Al otro se lo comió.
El Gato de Yule
El Gato de Yule
Quizás el más extraño de todos los miembros de la familia, y de las costumbres navideñas islandesas en general, sea el Gato de Yule.
El Gato de Yule es un gato enorme y feroz que acecha las aldeas y se come a quienes no llevan ropa nueva en Navidad. Sin duda tiene sus raíces en la antiquísima tradición de recibir ropa nueva como regalo de Navidad, aunque resulta extraño que se castigue a quienes no tienen ropa nueva. ¿Y si algunas familias no pueden permitirse ropa nueva cada año?
Lo más probable es que esta tradición y este relato se basen en que, en décadas pasadas, los granjeros les daban ropa nueva a sus peones cada año. O incluso que fuera una forma de presionar a esos mismos peones para que terminaran sus trabajos de tejido antes de las fiestas.
Es difícil imaginar a los íconos navideños occidentales, como Santa, los renos y los duendes, como malévolos comedores de niños y ladrones de comida. Aunque… a Santa le encantan su leche y sus galletas, ¿no es así?
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